Inicios del alumbrado eléctrico en Mérida (Parte I).


Rubén Alexis Hernández

Las últimas décadas del siglo XIX venezolano estuvieron caracterizadas por los intentos modernizadores   de   Gobiernos   “progresistas”   como   el   de   Guzmán   Blanco.   Entre   otras medidas, tendientes a consolidar el Estado-Nación, se encontraban la construcción de redes ferroviarias, la centralización en distintos aspectos, la formación de un ejército nacional, y la transformación y/o mejoramiento de servicios públicos como el alumbrado y el acceso al agua dulce-potable. Cabe destacar que uno de los cambios más notables derivados de este intento modernizador resultó ser la utilización de la energía eléctrica de forma masiva por medio del telégrafo y del alumbrado de las calles, plazas y otros lugares públicos en las principales poblaciones de Venezuela. De esta manera el país intentaba colocarse a la  par del mundo occidental   vinculado   al   capitalismo   internacional,   y   progresivamente   ingresar   en   una inédita era científico-técnica, comunicacional e industrial.

El empleo de la energía eléctrica para el alumbrado público resultó toda una  novedad. Aunque aquella  iluminación de los centros  poblados   no puede ser  comparada con la actual, principalmente  por las limitaciones tecnológicas y económicas  propias de la época, es indudable que los ciudadanos debieron haber quedado bien impresionados, considerando la casi oscuridad que caracterizaba las noches de las calles y otros lugares públicos con anterioridad  al alumbrado eléctrico. Un cambio material  de tal magnitud no debió haber pasado desapercibido para unas sociedades acostumbradas a una marcada tradicionalidad, máxime cuando la energía que  iluminaba las noches también  posibilitaba en lo sucesivo el uso de diversos dispositivos destinados a “mejorar” la vida de los seres humanos: neveras, aparatos de radio, maquinarias de distintos tipos, entre otros.

Obviamente Mérida no fue la excepción de lo señalado en el párrafo anterior, contando  a partir de 1898  con el primer  servicio eléctrico de alumbrado público y particular,  cuyo impacto sobre la cosmovisión de la sociedad debió  haber  sido   tan  notable  como en  el  resto  de  las  poblaciones venezolanas  que  gozaron   para  la  época   del  alumbrado  eléctrico.   Considérese  que   las noches de  nuestra ciudad eran iluminadas  de forma limitada o parcial  durante las últimas décadas del siglo XIX,    bien por medio de faroles con kerosén u   otros combustibles, o bien   por   medio   de   velas.     Los   faroles   eran   instalados   especialmente   en     torno   a   los comercios,   las  plazas   y  los   sitios   notables,   procedimiento   que   era   llevado   a  cabo   y/o supervisado por un ciudadano al que se le cancelaban 25 bolívares mensuales a comienzos de la década de 1880 (Gaceta Oficial del Estado Guzmán, Número 16, Abril 10 de 1880). Sin embargo  las calles más alejadas del casco central o de los sitios notables simplemente se   mantenían  en   la    total  oscuridad,  y  las   que   estaban  iluminadas  quedaban   en  dicha condición a altas horas de la noche, debido al consumo del combustible. De tal manera que a ciertas horas nocturnas la ciudad completa quedaba a entera merced de la noche. Claro está que durante los días en que se celebraban las fiestas religiosas o de otra índole se procuraba iluminar  la   mayor   parte   de   la   ciudad. Mientras   tanto   las   velas   se   destinaban fundamentalmente para uso doméstico.

Ruinas de antiguo molino cerca de Mucurubá, por medio del cual se generaba electricidad para los habitantes locales en la primera mitad del siglo XX. Archivo fotográfico de Rubén Hernández, agosto de 2007.


Aunque en el  párrafo  anterior hicimos  referencia  al año de  1898, cabe advertir   que  el contrato para instalar el alumbrado eléctrico en Mérida data de septiembre de 1895. En realidad el año de 1898 representó la fecha en que terminaron de arribar a la ciudad los distintos aparatos, herramientas e implementos necesarios para llevar a cabo la instalación del  servicio de  alumbrado  en  Mérida. Al  parecer  el  retraso  se  debió    a  fallas  en  la logística   y   en   el   transporte.   Téngase   en   cuenta   que   tales   aparatos,   herramientas   e implementos eran originarios de otras latitudes planetarias, como el continente europeo, y que debieron ser transportados tanto en barco como a lomo de bestias hasta la población andina.

El contrato para instalar el  primer servicio de  alumbrado eléctrico  en Mérida se firmó el11 de septiembre  de 1895 entre el Presidente  Provisional del Estado Los Andes, Jesús María   Rivas   Mundaraín,   y   el   comerciante   Caracciolo   Parra   Picón   (Gaceta   Oficial del Estado Los Andes, Número 7, 19 de setiembre de 1895). Cabe destacar que sí bien el servicio público de electricidad era necesario para el “progreso” de la nación y de Mérida, de acuerdo a los intereses del Estado para la época, terminó siendo administrado en su totalidad   por   un   empresario   privado,   mientras   que   la   autoridad   estatal   merideña prácticamente se limitaba a “regular” los costos de instalación del servicio a particulares, y a cancelar las   mensualidades   correspondientes   al   alumbrado   público   y   los   gastos adicionales   e   imprevistos.

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